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Las mafias, con falsas promesas o a la fuerza, introducen cada año
en la Comunidad Valenciana a cientos de mujeres, que acaban ejerciendo
la prostitución en locales de alterne, pisos alquilados o en las
calles de las grandes ciudades. La trata de blancas ha experimentado un
auge vertiginoso debido a los gigantescos beneficios y al bajo riesgo
que supone para sus promotores. Además, muchos países no
disponen de instrumentos legales para combatirla.
La explotación de mujeres de los
países del Este ha aumentado rápidamente desde que hace
diez años se abrió el Telón de Acero, y rivaliza
ahora con las regiones que son tradicionalmente fuentes de este tráfico,
como África y América del Sur.
Prueba de ello es que la mayoría
de redes desarticuladas en la Comunidad Valenciana estaban dirigidas por
delincuentes de Rumanía, Rusia, Lituania y Ucrania. Algunas de
las mujeres liberadas declararon a la Policía que durante su cautiverio
en locales de alterne de l'Alfàs del Pi fueron violadas por un
proxeneta. Las iniciaban así en la prostitución.
Una vez atrapadas en este mundillo, las
inmigrantes se ven en un carrusel de amenazas, violencia y prostitución
forzada, porque les quitan los pasaportes y demás documentos de
identidad y temen ser arrestadas y expulsadas. Viven a menudo en condiciones
nada higiénicas, son encerradas, drogadas y torturadas físicamente.
Muchas de ellas dependen durante años
económicamente de quienes las maltratan, ya que les exigen reembolsar
unos gastos de transporte astronómicos por haberlas traído
a España.
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