Una veintena de inmigrantes han conseguido el permiso de residencia en España
durante los últimos dos años por denunciar a las mafias que
los explotaban en la Comunidad Valenciana y colaborar con la Policía
en la desarticulación de estas bandas. Este dato contrasta con la
orden de expulsión de Natalia J., la joven que testificó contra
una red.
JAVIER MARTÍNEZ (VALENCIA)
Cada vez son más los inmigrantes
que denuncian a las mafias para regularizar su situación. Prostitutas,
jornaleros del campo, operarios de talleres clandestinos..., los esclavos
del siglo XXI no entienden de leyes, pero asesorados por los sindicatos
o la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela),
se presentan en una comisaría del Cuerpo Nacional de Policía
o en un cuartel de la Guardia Civil para testificar contra el proxeneta
que les extorsiona o el capataz que abusa de ellos.
Según informaron ayer fuentes de
la Delegación del Gobierno, en los últimos dos años
se han concedido una veintena de permisos de residencia a ciudadanos extranjeros
que denunciaron a la banda de inmigración ilegal que les introdujo
y explotó en la Comunidad Valenciana.
"Sufren y pasan mucho miedo''
"Algunas veces colaboran porque no tienen más remedio, pero
nos cuesta mucho convencerlos para que testifiquen contra sus compatriotas.
Sufren y pasan mucho miedo porque reciben amenazas de muerte y temen que
las mafias, como represalia, puedan hacerle algún daño a
su familia en los países de origen'', explica un funcionario de
la Comisaría General de Extranjería y Documentación.
En la mayoría de estos casos, las
personas que han regularizado su situación son mujeres que fueron
explotadas por redes de trata de blancas de Europa del Este. Las víctimas
se acogen al artículo 59 de la Ley sobre los Derechos y Libertades
de los Extranjeros en España y su Integración Social (conocida
como Ley de Extranjería).
Este apartado de la normativa afirma que
el inmigrante que haya sido víctima o testigo de un acto de tráfico
ilícito de seres humanos, mano de obra o explotación en
la prostitución, "no será expulsado si denuncia a las
autoridades competentes a los autores o cooperadores de dicho tráfico''.
Además, la ley establece en el mismo
artículo que a estos extranjeros se les podrá facilitar,
a su elección, el retorno a su país de procedencia o la
estancia y residencia en España, así como el permiso de
trabajo y facilidades para su integración social.
Solicitud denegada
Las mismas fuentes de la Delegación del Gobierno eludieron pronunciarse
sobre la resolución que deniega el permiso de residencia a Natalia
J., una inmigrante de 21 años de edad que denunció a las
personas que pretendían prostituirla en un local de alterne de
Valencia.
Como ya informó este periódico
en su edición del sábado, la joven teme por su vida en el
caso de que tenga que abandonar España, ya que recibió amenazas
de muerte por testificar contra un presunto traficante de seres humanos.

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