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SALVADOR BARBER
Dentro de quince días tendrá que abandonar España
para regresar a su país, Lituania. Un lugar donde una mafia ha
puesto precio a su cabeza y probablemente intentará cobrarlo.
El caso de la joven testigo hipotéticamente protegida deja al aire
las vergüenzas de un sistema de seguridad –con connotaciones
legales, judiciales y policiales- que evidentemente no funciona. Y no
constituye precisamente un acicate para eso tan necesario y que tanto
se nos pide que es la colaboración ciudadana.
El premio que obtendrá la lituana por denunciar una mafia dedicada
a la trata de blancas será la expulsión del país,
y eso después de que haya quedado patente que lo de la protección
a los testigos es una figura retórica, una declaración de
principios no articulada y que generalmente se queda en que al comparecer
ante la justicia, el denunciante lo hace con un número, en vez
de su nombre y apellidos, pero a cara descubierta ante el abogado de los
denunciados.
Eso del cambio de identidad, nuevos medios de vida, nueva imagen, etc,
etc, queda para las películas. Hemos visto demasiado cine.
La joven lituana fue traída desde su país engañada
por una mafia con un inexistente trabajo agrícola. Una vez aquí,
en Gandia, fue vendida por mil euros a un marsellés (oido cocina)
y otro sujeto de no sé que nacionalidad que la encerraron en un
piso, la pusieron de coca hasta las cachas y la obligaron a prostituirse
en un club donde una tarde compareció a trabajar brutalmente golpeada.
Se le instó a que denunciara a los mafiosos objeto de su drama,
y se le prometió el status de testigo protegida. Ningún
estamento oficial (policía en primera instancia) le facilitó
una identidad falsa, ni un puesto de trabajo. Pero eso sí la clasificaron
como protegida. En plan honorífico, por lo que se ve. Solo la casa
cuna le ofreció albergue cuando, por su cuenta, pidió ayuda
para dar a luz.
Tan protegida estaba las testigo que la policía no tenía
ni idea de su paradero y tras un primer careo de dudosa realización
ya no pudo ser citada para comparecer en el procedimiento judicial contra
sus secuestradores, razón por la cual la denuncia quedó
sobreseída y los mafiosos en libertad, tras un período de
prisión provisional.
Ahora sí la han localizado. Le aplican con todo el rigor la Ley
de Extranjería y le han dado quince días para abandonar
España, en lo que dadas las circunstancias bien puede ser un viaje
sin retorno, no a España en si, que fíjate, sino a la vida.
Le pueden rebanar el cuello apenas los mafiosos contra los que actuó
tengan conocimiento de su llegada al suelo patrio ( de ellos ).
Como el procedimiento jurídico que le siguió a la denuncia
no prosperó por las causas indicadas, que revelan muy bien el celo
que ponemos en la protección de los testigos, ahora no le quieren
aplicar los beneficios que se derivan de ese tipo de denuncias contra
mafias organizadas, y uno de los cuales es la concesión de nacionalidad,
como media lógica de salvaguarda.
Total, que una serie de carencias legales en la protección de testigos,
y una evidente negligencia en su custodia –mira si la protegían
que no sabían ni donde estaba--, suponen de hecho una especie de
condena a muerte no dictada y por omisión, contra la mujer que
denunció que la habían vendido, secuestrado, maltratado
y prostituído.
Mientras tanto, eso si, nos llena cada mañana de propaganda y ponencias
sobre violencia de género, medidas para ayudar a las víctimas
y unos proyectos tan maravillosos que, sobre el papel, casi invitan a
que te hagas mujer y te parta los morros un macarrón.
La realidad tiene otro rostro.
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