N O T I C I A S
De la libertad de Amsterdam a la 'limpieza' en Madrid (El Mundo Baleares)


Gallardón se propuso 'sacar' a las prostitutas de la calle mientras que en la capital holandesa el principal reclamo turístico es el Barrio Rojo

ROBERTO DIEZ YAGÜE

PALMA.- La profesión más antigua del mundo se debate entre la legalización y la clandestinidad, así que quienes se dedican a ella no saben todavía si es profesional lícita o ilícita. Y es que no es lo mismo ser prostituta en Suecia que en Francia, en Barcelona o en Palma, aunque lo básico sigue y seguirá siendo igual.

El permanente tabú en torno a las meretrices se ha roto con un debate en voz baja en diversos parlamentos autonómicos. Cataluña fue la primera región española en regularizar la prostitución en 2002, aunque hay experiencias previas como la de Bilbao. Le siguió Madrid, donde Gallardón impulsó la erradicación de la actividad callejera, manteniendo los burdeles. Galicia y la Comunidad Valenciana están en ello, aunque las reticencias hayan frenado las propuestas.

La Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA) tiene buena parte de culpa de que el debate llegue a las poltronas. Sus propuestas han obligado a Rajoy y Zaplana a reconocer que habrá que estudiar la posibilidad de una legalización nacional. Quieren pagar impuestos y ser legales, no alegales como hasta ahora. O ilegales, como desde que se aprobó la reforma del artículo 188 del Código Penal. Esta reforma, realizada el pasado mes de septiembre, establece penas de prisión de dos a cuatro años y multa de 12 a 24 meses «para quienes se lucren explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma».

Cataluña

La Ley dice esto pero cada comunidad es un mundo. Cataluña regularizó el negocio con un decreto sobre las condiciones que deben reunir los locales. De momento, sólo afecta a las instalaciones, las medidas de seguridad y los horarios. Las condiciones laborales y las obligaciones fiscales quedan de momento al margen.

El decreto hace responsables a los ayuntamientos de la elaboración de ordenanzas municipales para desarrollar la normativa y la vigilancia de su cumplimiento. Algo similar a lo que, para desconocimiento de muchos, funcionaba en España hasta los años 50, cuando todavía la prostitución era legal. Los reglamentos más antiguos sobre el comercio sexual datan del siglo XVI y eran de competencia municipal. Las mancebas debían ser forasteras y estaban excusadas, por ejemplo, de librar en domingo. Parte de los ingresos se destinaban a sufragar el retiro conventual de las meretrices, que tenían además asistencia médica.

Volviendo a la época actual, Madrid ha sido la última comunidad en saltar a la palestra de la prostitución. En esta comunidad se calcula que hay unos 700 locales -que se dice pronto- destinados al mercado del placer. Así que Gallardón se puso manos a la obra y decidió llenar de policías los habituales centros de prostitución callejera. El objetivo es erradicar la actividad fuera de los burdeles, que serán consentidos. La medida del ahora alcalde capitalino sacó a la calle a las profesionales callejeras del gremio, que quieren crear un Barrio Tolerancia, similar al Rojo de Amsterdan, donde además no haya que dar la mitad de las ganancias a los dueños de los clubes.

Amsterdam

La capital holandesa es el ejemplo más manido cuando se habla de la prostitución. Su barrio Rojo es el ejemplo soñado por muchos, ya que se ha convertido además en un espacio turístico de primer orden. Siguiendo el ejemplo de la Venecia del norte, Holanda se convirtió en octubre de 2000 en el primer país europeo que consideraba la prostitución como una profesión más.
Dos años más tarde el modelo holandés se expandió a Alemania, mientras que sus vecinos belgas cuentan con un proyecto de ley al respecto. De hecho, el Gobierno belga considera que si las meretrices declararan sus ingresos, las arcas públicas ganarían 50 millones de euros más cada año. Este año, Nueva Zelanda legalizó también los burdeles y un lupanar australiano salió a bolsa con un gran éxito.

Sin embargo, hay otra cara de la moneda mucho más intransigente con la prostitución. En Suecia se castiga a los clientes con multas y arrestos. En Francia ni siquiera están permitidos los locales de alterne. ¿Y España? No esta prohibida, pero no es un oficio y es delito explotar a quienes la practican.

La experiencia pionera de Bilbao acabó en fracaso

R. D. Y.
Pese a que Cataluña se convirtió en la primera Comunidad Autónoma que regulaba la prostitución, el Ayuntamiento de Bilbao fue pionero en estas lides con una ordenanza municipal aprobada en 1998. Esta normativa nació para tratar de frenar la concentración de locales de alterne en una céntrica calle de la ciudad. Al principio, lo logró, pero más tarde se han visto sus carencias.

La ordenanza marca una distancia mínima entre clubes de 500 metros e incluye unas condiciones higiénico-sanitarias. Cada estancia, dice, debe tener al menos nueve metros cuadros y un aseo de otros tres metros cuadrados. Incluso apunta que este cuarto debe estar alicatado.

Aunque la norma fue aplaudida por vecinos y grupos políticos, el tiempo ha mostrado sus vergüenzas, dado que muchos empresarios optaron por trasladar la actividad de los clubes a pisos particulares de la misma zona, ante la imposibilidad de mantener sus negocios como locales de alterne. Esto genera molestias a los vecinos, que ahora acuden a los tribunales para denunciar a estas casas de citas.

Así las cosas, el ejemplo catalán es el modelo español en vigor más permisivo en lo que a prostíbulos se refiere. Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) abrió el pasado mes de octubre un proceso contra el decreto de la Generalitat. EL TSJC inició este trámite después de una denuncia presentada por siete entidades que dicen defender los derechos de las mujeres y que abogan por la abolición de la prostitución, asegurando que el decreto reconoce de facto la actividad de las meretrices y contradice la condena de la ONU a la que España se adhirió en 1962.

 


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