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El negocio del sexo ha ido derivando hacia entornos más privados como los clubs de alterne. Estos locales abundan en Galicia, donde se calcula que puede haber entre 350 y 400. No resulta difícil identificarlos por decenas en los márgenes de las carreteras, en muchos casos destacados con colores llamativos o neones y, sobre todo, sugerentes y exóticos nombres como Ninfas o Pikardías. Además de los clásicos clubs de carretera, en la periferia de las ciudades han proliferado otros de mayor dimensión, con servicios múltiples y buscando un aura de más categoría. Desde la Guardia Civil destacan que algunos de ellos ''pasaron de ser establecimientos pequeños a la categoría de auténticos complejos hosteleros''. Pisos de contactos El Fiscal Superior de Galicia, Carlos Varela, explicaba hace sólo unos días que es la ''presión de control ejercida sobre los clubs'' la que ha empujado a las mafias que controlan el negocio y trafican con seres humanos a ''esconder sus ilícitas actividades en casas de citas, lejos de los locales públicos, con el objeto de dificultar al máximo tanto su detección como su eventual control administrativo''. Y es que localizar un apartamento donde se ejerce la prostitución es más difícil que conocer la ubicación de un llamativo club pero además, acceder a ellos es también mucho más complicado. Mientras que los inspectores de Hacienda, Trabajo o Extranjería pueden acceder libremente a los locales para efectuar controles, entrar en una vivienda privada requiere obtener previamente una orden judicial que lo autorice. Para lograrla es preciso tener sospechas muy fundadas sobre que allí se está produciendo una actividad delictiva o haber recibido una denuncia, algo que no es muy habitual porque son pocas las mujeres obligadas a prostituirse que revelan su caso a las autoridades. Lugares inapropiados Las asociaciones de apoyo a las mujeres que ejercen la prostitución también sufren la proliferación de los pisos. ''Conocemos los clubs y allí les damos a conocer nuestro recurso, pero llegar a los pisos es más difícil'', explica Cleo Rodríguez, coordinadora del programa Vagalume que funciona en Compostela y alrededores. Asegura que a veces alguna chica se acerca a pedir ayuda pero que en general ''son muy reservadas, casi ninguna cuenta dónde trabaja'', por lo que es difícil llegar a las demás. Si los pisos implican menos ayuda a las mujeres y más impunidad para las mafias, también resultan la opción más elegida para quienes quieren dedicarse al negocio del sexo de manera esporádica y discreta. Además, desde Vagalume apuntan que a veces las extranjeras sin papeles o con orden de expulsión, se refugian en ellos, temerosas de ser localizadas en los clubs. Vuelta a la calle ''Son chicas jóvenes, las traen en coches y las dejan aquí. A plena luz de día se insinúan a los coches y a la gente y eso es un problema para los negocios. Además, al final de la calle hay un instituto y un colegio'' relata, antes de insistir en que la ''inmensa mayoría'' de las chicas son ''víctimas'' y no responsables del problema. Vecinos del Casco Vello de Vigo también se quejan. Aseguran que hay más chicas y que se han diseminado por más calles. Sin embargo, desde organizaciones que conocen bien el mundo de la prostitución rechazan que haya un repunte de actividad callejera. ''No es cierto, yo misma fui a Vigo a comprobarlo y el fenómeno no se extendió en absoluto. Siguen estando las mismas chicas en el mismo sitio de siempre, Orillamar'' dice Ana Míguez, fundadora de la extinta Alecrín y portavoz de la Plataforma por la Abolición de la Prostitución. Míguez cree que las denuncias de los colectivos vecinales responden a un 'efecto contagio' a raíz de las denuncias con fotos en Barcelona. 8.000 prostitutas y clientes más jóvenes Algunas voces apuntan que la crisis económica está llevando a algunas gallegas a incorporarse al negocio del sexo, pero las asociaciones que trabajan con el colectivo aún no pueden confirmar el fenómeno. ''En los clubs siguen siendo apenas el 1%'' dicen desde Vagalume. Sí reconocen que la mala situación laboral está llevando a algunas extranjeras que habían regularizado su situación a volver a prostituirse, tras perder sus empleos. En todo caso, Míguez es rotunda: ''la pobreza siempre afecta más a las mujeres''. Donde se encuentran españolas y también portuguesas es en los locales más antiguos, los pocos que sobreviven en barrios chinos y zonas marginales. Suele tratarse de mujeres con más edad de la habitual (la mayoría de las chicas de clubs y pisos están entre los 20 y los 30 años), que no encuentran trabajo en los clubs o se resisten a abandonar el negocio de toda la vida, que en ocasiones se ha convertido en su casa. En cuanto a la minoría que ejerce directamente en la calle, la Policía Nacional dice que hay una presencia importante de chicas con drogodependencia, que se venden para pagarse la dosis, a veces a muy bajo precio. En cuanto a los clientes, el consumidor de prostitución tiene rostros muy variados en cuanto a clase social, nivel económico o situación sentimental. Lo que sí se ha detectado es el rejuvenecimiento de la clientela, aumentando la presencia de chicos e incluso adolescentes, cuestión que la policía y algunas asociaciones abolicionistas relacionan con una ''normalización”'' del fenómeno de la prostitución, que ha dejado de percibirse como algo asociado a la marginalidad, para dar paso a una cierta permisividad. |